Por qué la motivación no funciona y qué hacer

En la regla de los 5 segundos dije que mayormente nunca nos va a apetecer hacer lo que hay que hacer.

Y si muchos nos identificamos con eso es porque estamos programados para ello, para no tener ganas.

Pero, ¿por qué?

Buscamos seguridad

Nuestro cerebro más primitivo está diseñado para que eches el freno antes de acercarte a algo que pueda hacerte daño.

Independientemente de si el peligro es real o no, (como cuando subconscientemente sentimos incomodidad o incertidumbre).

Estos son factores que afloran cuando salimos de lo desconocido o rutinario y, por lo tanto de lo seguro. Motivo por el cual buscamos lo de siempre constantemente.

Por eso, además, no continuamos haciendo lo que sabemos que nos vendría bien: porque estamos arraigados a la seguridad de nuestra versión conocida.

Y cambiarlo supondría actuar fuera de la zona de confort y seguridad, así que echamos el freno y repetimos lo que conocemos, no vayamos a sufrir.

Por esta regla de tres, sí nos es fácil hacer las cosas conocidas y que nos resultan rutinarias y, por lo tanto, placenteras. Contrariamente a las nuevas.

Esta diferenciación entre lo nuestro y lo nuevo, hace que pensemos que no tenemos motivación o estamos desmotivados a la hora de hacer un cambio, como simplemente ponernos a estudiar cuando debemos.

Pero la realidad es que no tiene por qué ser así ya que la motivación no funciona como creemos.

La motivación no es el principio

La motivación no es una chispa que prende sola, sino que depende de nosotros.

Y no con palabras de ánimo o apoyo, sino con la acción.

Nuestra motivación intrínseca puede ser modulada a través de la acción y su repercusión en el sistema dopaminérgico.

El truco está en que el cerebro “se motiva” a través de picos de dopamina que vamos consiguiendo a medida que cumplimos objetivos pequeños.

Es decir, a través de la acción en sí.

Por lo que para motivarnos no tenemos que esperar a que llegue el momento de luz, sino sentarnos con la tarea e ir cumpliendo una propuesta de pequeñas victorias.

Quizás sea una página, un tema, un ejercicio físico, una acción específica, etc.

A cada paso logrado y con el pico de dopamina, el cerebro recibe gratificación en el saber que lo estoy haciendo y puedo hacerlo.

Esto, en otras palabras, es éxito que refuerza nuestra acción y nos motiva a continuar.

Es como el motor que gira la rueda.

Realmente no necesitas depender de que empiece a girar.

Sino de colocar pequeñas metas realizables que pongan a funcionar el motor.

Cuidando, eso sí, de que la dopamina no sea secuestrada por una pantalla mientras.

Proceso y no meta

En ese sentido, el autor en el libro expresa que para lograr nuestras metas lo esencial no son los objetivos hacia ella.

Sino el proceso en el que nos sumergimos para lograrlos, ya que es ahí donde reside el bucle a corto plazo de dopamina que nos mantiene en movimiento.

Esquema resumen: Succes = Éxito; Motivation= Motivación

Jugar con los spikes de dopamina al lograr victorias, nos hará entrar en avance.

De forma que poco a poco día a día, y sin darnos cuenta iremos hacia el objetivo.

Por eso, al igual que James Clear en atomics habits, lo mejor es enfocarse en la unidad de tiempo día o semana y olvidarse de la meta final.

Ya que hacer lo que hay que hacer y lograr victorias, va modulando al dopaminérgico en futuro cercano.

De forma que aunque no tengamos ganas de hacer las cosas las hagamos porque la experiencia anterior fue gratificante.

O porque ya sabemos que podemos hacerlo y que seguimos “a salvo” subconscientemente.

Todo sin perdernos en el objetivo final, lo que a veces puede ser abrumador o agobiante porque lo queremos ya.

Pero la realidad es que la vida nunca va a la velocidad que queremos, sino a su propio ritmo.

Y más nos vale no perdernos en la exigencia de querer que las cosas ocurran, sino relajarnos y disfrutar de cada paso.

Y que el viaje sea el destino.

¿No?

Hasta la próxima

Libro – El mito de la motivación (Jeff Haden)  -> https://amzn.to/3wz81lX