Las dos caras del arrepentimiento

Todos hemos hecho cosas de las cuales nos arrepentiríamos sin saberlo.

Y todos hemos hecho cosas a pesar de saber que nos íbamos a arrepentir.

El arrepentimiento parece que nos estaba esperando en un futuro, pero en el fondo, siempre dependerá de la experiencia vivida o pasada.

Es lo que tiene que el tiempo solo tenga un sentido, que sólo descubrimos “la realidad” a medida que avanza y ganamos perspectiva y distancia.

Por lo que, como sabrás, por mucho que nos arrepintamos de algo, nada va a cambiar, lo puede llevarnos a sentirnos auténticamente miserables y víctimas de nuestros errores.

Pero el arrepentimiento no tiene por qué ser tan negativo ni motivo para la autodestrucción, al contrario, tiene un valor adaptativo, y es la contrapartida/recordatorio que traigo hoy.

La función del arrepentimiento

El arrepentimiento es una ventaja evolutiva.

Sirve para aprender de los errores anteriores y recordarlos a base de imprenta emocional, evitándolos en un futuro.

En palabras del experto James Tobin: “La experiencia pasada permanece como una historia de advertencia, preparando el camino para futuras elecciones y acciones mejores, probablemente tomadas con más previsión, conciencia y sabiduría”.

Por lo que el arrepentimiento no es otra cosa que maestro.

Es el que saca las cagadas a la luz y el que pone de manifiesto que en el fondo no somos tan listos.

Quizás por haber confiado en quien no debíamos, no haber hecho, no haber dicho, habernos comportado de aquella manera, haber tratado mal a alguien, haber dejado ir oportunidades…

Es el que trae el punto de inflexión, el nunca más, el a la próxima ya sé o el puedo hacerlo mejor.

Por tanto, los arrepentimientos aunque sean una mi*rda, no nos brindan otra cosa que lecciones para poder redirigir nuestra conducta e ir sacando instrucciones a la vida, si se quiere.

De forma que igual, muchas veces, no se trata tanto de temer a arrepentirnos y ser impulsivos, sino de qué decidimos hacer con ese miedo.

El gran problema sería si escogiéramos los mismos errores de nuevo a pesar de las experiencias anteriores.

No por lo que se pueda interpretar de nosotros sino porque, como dije el otro day, cometer el mismo error varias veces no es culpa del universo, ni de dios, ni de la mala suerte, sino es una decisión.

Y en la ventaja de estar vivos (el poder de decidir), nadie entra salvo nosotros mismos, ¿no?

¡Nos leemos!

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