Sobre el cambiar de opinión

La mente es una máquina que necesita confirmar lo que entiende como realidad para poder funcionar.

Si yo por ejemplo, entiendo que el aborto es asesinato haré todo lo posible para justificarlo, ya que mi mente no podría sostener la incongruencia, de pensarlo y que no sea cierto.

Por ello, cuando buscamos pruebas, tendemos a infravalorar los datos que contradicen nuestras creencias y a sobrevalorar aquellas que las confirman.

Esta habilidad para filtrar la información que nos interesa, es lo que se conoce como sesgo de confirmación y todos pecamos de ella.

Y si tienes alguna duda sobre su poder, piensa en la última vez que buscaste una pregunta en Google. ¿Leíste diferentes enlaces para obtener una visión amplia y objetiva? ¿O simplemente hojeaste los enlaces buscando la página que confirmara lo que ya creías que era cierto?

Al pasar por alto los argumentos del bando contrario, nuestras opiniones se consolidan, y a más consolidación, más difícil es alterar nuestra visión.

Abriendo ventanas

A veces reconocer que realmente no tenemos tanta idea, o que algo que creemos que es incorrecto hace que la mente se atrinchere y vuelva a buscar más recursos que le permitan evitar la incongruencia.

Por eso, la clave es darle a la mente una excusa: La opinión o creencia que teníamos anteriormente era correcta teniendo en cuenta loque sabías en ese entonces. Que ahora los hechos subyacentes hayan cambiado, implica que la estructura del pensamiento también debería, porque estamos sujetos a otra realidad que igual merece ser explorada.

Esto suena bonito, otra cosa es que nos permitamos hacerlo.

Otra forma de re-cuestionarnos es hacer un recorrido hacia atrás con una cadena de ¿por qué? Hasta llegar al origen de la idea. Quizás te asuste o quizás te sorprenda, pero es otra herramienta que dejo por acá.

Aunque quizás lo más problemático sea intentar cambiar de opinión cuando de esta pende nuestra identidad, como aquellas propias de colectivos sociales como religiosos, culturales o políticos.

Igual la única vía es tomar consciencia de ellas sacando la apropiación a través de “mi”, como dice James Clear.

En vez de expresar esta es mi religión, mi estilo o mi opinión, utilizar una estructura que lo separe de nosotros: esta es la religión que practico, el estilo que uso, la opinión que defiendo.

Expresarlo de esta manera pone de manifiesto que no son tus únicas opciones, sino que las has escogido por “x” e “y”, siendo más objetivo.

Forma parte de ti porque quieres, pero no es tuyo ni eres tú, es cambiable.

Por lo que puedes y tienes más margen para cambiar el grupo de siempre, el estilo que usas, o incluso la religión o filosofía que practicas, relativizando los juicios propios de ellos con los que nos identificamos.

Cualquier filósofa/o me rebatiría desde el escepticismo, la ontología y epistemología de las creencias, pero por lo pronto, lo dejo a modo de presentación porque creo que se entiende sin profundizar.

Frecuencias

Tendemos a arrejuntarnos con las personas que son semejantes. Lo que implica que nuestras opiniones no se ponen a prueba con la frecuencia que deberían, por lo que exponernos a entornos en los que nuestras opiniones puedan ser cuestionadas es un punto de inflexión en nuestro entender.

“Creencias fuertes, sostenidas sin firmeza” (no recuerdo el autor): Creamos firmemente en una idea, pero estemos dispuestos a cambiar de opinión si los hechos demuestran lo contrario, sería la conclusión de hoy.

Porque al final, se necesita valor y determinación para ver la verdad en lugar de lo conveniente.

Pero el esfuerzo merece la pena siempre en todos los sentidos.

Hasta la próxima