La experiencia de un TCA

Los trastornos de la conducta alimentaria son tan particulares que podrías tener uno y no saberlo.

Dominan a tu raciocinio sin poder diferenciar la realidad, por eso es un trastorno, y por eso son tan difíciles de detectar.

Con un tono igual más bestia, en esta entrada te explico un ejemplo de cómo van gestándose y porqué son tan difíciles de superar a pesar de que nadie quiere estar enfermo.

Orígenes

El origen de un TCA es multifactorial.

Y depende de cada caso, así como del trastorno: no es lo mismo la pica, típica de niños, que la vigorexia en una mujer.

Pero en los más conocidos, como la bulimia o la anorexia, es común, que comiencen a gestarse por la idea de que algo falla en nosotros, del no ser suficiente con lo que somos.

Y, ese fallo en este caso, por nuestro ambiente, experiencias, neurobiología y círculo, entendemos que radica en nuestro cuerpo.

A base de repetición y escucha de ideas, sobre el cuerpo, la imagen y el valor, y, con una autoestima coja, comienza a establecerse una
lógica irracional
ultra simple:

Si para valer algo, debo tener x cuerpo -> cambiar mi cuerpo me hace valiosa.

Dando pie a la intención de hacer dieta y al aumento de ejercicio físico… pero no de manera “normal”.

Gestando la espiral

Una persona sana sabe que el cambio lleva tiempo. Pero una persona que ya ha gestado ciertas ideas bajo esa lógica no puede ver eso.

Porque si para ser feliz o estar bien es vital conseguir el cuerpo deseado, los resultados deben ser inmediatos.

Y es esta búsqueda de resultados mágicos lo que hace que “las dietas” sean agresivas, eliminando grupos nutricionales troncales o saltándose comidas directamente.

Lo que lógicamente deriva en rebotes brutales.

Y el rebote en un círculo vicioso: A más dieta, más rebote, a más rebote, más dieta.

Esto gesta una espiral que acompaña a la obsesión y que machaca aún más la autoestima por ser incapaz de lograr los objetivos autoimpuestos.

(Hay que entender que no es solo una conducta, sino un sistema de ideas (no sirvo, no valgo, no soy, doy asco, etc) lo que va retroalimentándose
y a más).

Hasta el punto de razonar por lógica pura, irracional y desesperada que, si para ser personas válidas (=felices) tenemos que hacer
X (dieta), y  X no funciona… tendremos que hacer Y (dejar de comer, vomitar, sobreejercitarnos, etc), y si Y no funciona tenemos que… hasta lograrlo.

Esto desde afuera es impensable, pero la necesidad de ser suficiente es tan grande como la necesidad de respirar y la irracionalidad de
las ideas nublan la realidad, de ahí el trastorno.

No hay otra posibilidad negociable para la mente, no hay alternativas.

Por eso hablamos de una mente enferma, que nos hace ser alguien que no éramos.

Además, las mismas ideas que nos llevan a la obsesión, son las mismas que desarrollan una distorsión cognitiva (ver el cuerpo que no tenemos).

Por eso, aunque nos digan que estamos bien no les vamos a creer: no vemos lo mismo sino lo que nuestra mente enferma ha creado, crea y
cree.

De hecho, la distorsión puede variar por una comida no planeada, una idea o un comentario.

De ahí que lo mejor sea callarse, ya que cualquier comentario, aunque vaya con buena intención, según el estado, puede ser nefasto.

Por qué las estadísca no es real

Los TCA son tan difíciles de detectar porque la propia mente enferma domina a tu diálogo interno de manera que toda nuestra acción se justifica con excusas muy lógicas para el enfermo, que no puede ver que lo está.

Por eso, es típico que solo en casos como anorexia, vigorexia, bulimia nerviosa (que se llega a ver el efecto en el cuerpo) salten las alarmas desde afuera.

Esto no quiere decir que no haya gente que se dé cuenta de que algo va mal en su conducta, pero que lo pueda reconocer por su vergüenza, por el tabú o por el propio interés de la mente enferma, es otra historia.

(A nadie le mola decir que está enfermo o que algo en su cabeza no está bien).

Todo esto hace muy difícil su detención lo que es clave para la recuperación ya que cuánto antes se detecte, mayor probabilidad de superarlo.

Ahora bien.

Por qué es tan difícil superarlo

Aunque llegamos a razonar que estamos enfermos y lo sabemos, el diálogo interno sigue siendo el mismo.

La propia mente rechaza el hacer las cosas de otra manera porque no llegará a su objetivo: ser válida/feliz, así que tienes que librar la batalla contra ti mism@ en una cárcel en la que tu vida gira en torno a ello, a lo que la mente te dicta.

Básicamente despiertas y duermes pensando en qué, cómo y cuándo comer o qué, cómo, cuándo evitarlo (dependiendo del trastorno). O qué, cómo, cuándo hacer ejercicio.

Perdiendo en la mayoría de casos amistades o bajando el rendimiento académico: las prioridades cambian, eres esclavo.

Por todo esto, es común que los TCA típicamente terminen acompañándose de depresiones/ataques de ansiedad, pierdes el control de tu vida y quién eres.

Y por eso es crítico el papel del psicólog@ y de l@s psiquiatras para aprender a manejar a la mente enferma e ir recorriendo la espiral hacia
atrás.

Pero salir no es tan sencillo

Los trastornos realmente derivan en núcleos de control.

Son sistemas subconscientes que nos permiten no tener que ocuparnos de otras cosas que pueden doler, sino de la paliza que te da la mente enferma.

Y terminan siendo una zona de confort: es lo que ahora conoces y en lo que estás comod@ porque puedes predecirlo y manejarlo.

Te haces amigo del “enemigo” -que no debería interpretarse así, pero es para que se me entienda.

Pasando a ser una parte de ti, que en muchos casos no se quiere soltar por miedo a la incertidumbre o a ser quien ya no soy.

A lo que es vivir sin ella.

De ahí que cuánto más tiempo pase, más difícil sea desestructurarla.

Pero esto no quiere decir que no se pueda superar, al contrario, se puede y se supera con mucho trabajo y compromiso.

Pero como siempre, y como todo, dependerá totalmente de un@ mism@ y de cuánto quieras y decidas aferrarte al vivir.

 : – )

Nos leemos pronto

 

Pd.: Este texto es un ejemplo de lo que puede subyacer a un TCA. Existen otras realidades, como la necesidad de llenar un vacío emocional o una pérdida, entre miles.

Lo que he pretendido con esta entrada es acercar cómo la ausencia de amor propio puede ser catastrófica y cómo, si tienes un TCA, el infierno no tiene por qué ser hogar.

Fuentes:

Experiencia personal y de otros tantos casos